Cruzó el auditorio con serenidad. Un silencio. Murmullos. Setenta minutos de retraso en pomposo descaro. Los ponentes sonreían. El sociólogo pidió un asiento y se tumbo sobre él. Secó el sudor de su frente con un pañuelo que extrajo del bolsillo trasero de su pantalón. Bostezó. Suficiente, las escuelas religiosas le enseñan a uno a ser tolerante pero esto es un insulto. Con voz temblorosa y los rezagos de una dicción ensayada el joven moderador presento al intruso con gestos disimulados de sarcasmo. El público seguía abandonando la sala.
La cámara estática filmaba lo que ocurría.la cobertura, nacional. El pasillo infestado de personas hablando por teléfono. Entre ellos el camarógrafo. Mi trabajo apesta. Vigilaba la Sonny a través de la ventana. Externo. Ayacucho, sendero, torturas matanzas, con un poco de suerte una entrevista con Abimael. Alucinaba. Reconocía su obesidad. Ingresaba resignado.
La conversación había llegado a tal nivel de monotonía que cuando hube llegado a casa encontré al abuelo dormido en el sofá y a mi padre leyendo un periódico pasado. La televisión seguía prendida. Mi madre escuchó mis pasos al entrar y empezó la ceremonia del hijo engreído. Bien, bien, sí, bien. El prodigioso sueño venció a mi madre. Buenas noches, descansa, sueña con los angelitos. Igual, descansa, mañana saldré temprano…alcé el volumen, la ponencia se había convertido en una discusión poco productiva. La escena de los dos hombres discutiendo sobre la romántica idea de qué hacer con este país de mierda acompañada de expresiones vacías “todos los políticos son unos corruptos” y “destruyamos a las autoridades”, me convencían que el día había acabado. En ese instante (Sueño lejano y aburrimiento a la orden de un día perfectamente cronometrado). Inconscientemente mi cerebro captó las palabras que Gregorio Amenábar profería despóticamente. Preguntas del público, comentarios en realidad. Miré el reloj, esperaré 5 minutos más, ya acaba. Esta es la última pregunta. Me explico: realizo una tesis sobre lo que Nuggent ha visto bien llamar el orden tutelar, yo restringiré mi estudio a su impacto en la esfera intelectual. Vaya estaba siendo testigo de cuan lejanos están en respeto un ponente de su público. Vaya. Sr. Amenábar resumamos su ponencia ¿está bien? su verborrea no solo me parece ofensiva sino también penosa, cuál es la causa concreta del problema en el Perú. Vaya. Tomé asiento. Revolucionario. Mi padre se volvió a mí. Le hice una señal para que guardara silencio. Me hizo caso, ahora miraba la pantalla de presuntuosas 21 pulgadas. Los perros. (……………………).Los perros, los perros.la respuesta retumbaba en mi cabeza. Tuve ganas de vomitar, mi padre ahora miraba su diario. Otros 9 nueve perros han aparecido, esta vez en la sierra central, en Apurímac, los cuerpos fueron abandonados en un terreno baldío presumiblemente en horas de la madrugada. Todos presentan orificios de bala en el cráneo. Al parecer ha de tratarse de una banda de desquiciados, aunque no se descarta que sea una sola persona la que ejerza este tan cruel oficio. Grupos defensores de los animales organizan una marcha. Y nos dicen perros. Maldita sea, es ese. Conchesumadre, que están esperando! Llama a la policía dile que es ese que vayan y lo atrapen. Espera, espera. Juliaaaa, Juliaaaa! Cállate! Se atora. Despierto. El abuelo. Sobre la mesa una jarra. Nadie le prestó atención. El qué ocurre se quedo flotando en el aire, irresoluto. Los ojos chinos de la madre, el hijo entusiasmado, excitado, el padre asqueado, el abuelo acercándose al televisor. Con la mano un gesto. Alcen el volumen, un imperativo extraviado en los años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario