martes, 28 de febrero de 2012

En esta tela que envuelve mi alma y la sofoca*

Pobre del individuo aquel que conociendo el bien hace el mal, pobre quien aún le tiene fe a la libertad. Quisiera, Dios mío caer a tus pies y no volver a levantarme, reposar mi cabeza en tu voluntad, crucificar mi razón. Pero consideras este ejercicio ruin y lo rechazas por ser ingrediente común el pecado de inactividad, pereza e idolatría. Dime entonces que puedo hacer, que felicidad puedo alcanzar con esta imperfecta y obstinada naturaleza humana. Sufro ¿es acaso esto natural en el proceso? ¿Existe un proceso siendo tú un ser atemporal? Dios, padre, que golpeas con tu puño lo intangible, que exageras lo irresoluto y lo trocas en coherencia. Tú que no mudas de parecer** por tu misericordia concédeme actuar en gracia tuya, no obligándome con el peso de un destino inexistente sino haciendo que te ame solamente.

*Verso de  San Juan de la Cruz.
**Confesiones, San Agustín.
                                                                                    28/02/12

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