viernes, 1 de junio de 2012

Lo esencial es invisible a los ojos- repitió el Principito a fin de acordarse

Que placentero es dormir en el bus. Yo prefiero los chamas, sus    asientos son más acolchonaditos. Además hace frío, y estoy posicionado estratégicamente entre dos tías que están a punto de hacerme desaparecer en el asiento, feliz. Pero llegó la hora de bajar. No. Tres cuadritas más allá, ahora que recuerdo, la fundación telefónica está presentando una muestra. La artista se llama Daniela F o algo así. I bienal de fotografía de Lima ¿Primera? Ya que chucha, me bajo en la fundación, veo la muestra y me vengo al CCelima. Bajo. Llueve. Mi zapatilla de tela acaba de bucear en uno de los charcos que empiezan a formarse. Ahora sí tengo frio.

Diana F+ a todo color: I bienal de fotografía de Lima del 23 de Marzo al 10 de Junio de 2012, Ingreso Libre. Explícito, sarcástico. Daniela F. Estas puertas jamás me gustaron, ¿jalo o empujo? ¿Se inscribió por internet? (¿tenía?) Vengo a la muestra. ¿Se inscribió por internet? (buenas noches) No, ¿tenia? Si viene a la visita guiada de la muestra sí, empieza en media hora, si gusta se inscribe y espera, sino puede pasar a las salas. Me inscribo y espero ¿puedo? Cojo un par de folletos, me siento. Leo la descripción, resulta que contra todo pronóstico diana F no era la artista sino la cámara fotográfica. Felizmente no estoy solo, así la ignorancia pesa menos. Primera impresión: fotos digitales intervenidas en algún programa de diseño gráfico. Ahora cualquiera es artista. Segunda impresión: Diana, te amo. Cuando te encuentre, pasaré mis dedos por tu lente, sentirás el ultraje de mi iris erecto, que a través de tu ojo inerte captará Lo esencial. Diana tus errores, es un amor extraño este. La luz se filtra, eres tosca, las esquinas se oscurecen, los contornos se difuminan, las figuras se superponen. Diana eres una cagada pero has de tener algo bueno, eres barata, pero has de tener otro atributo porque sueño con nuestro encuentro: en algún lugar de la parada, en la cachina, estoy seguro te encontraré y cuando lo haga seremos uno y tus defectos serán virtudes en mi torpe mano que suda, que tiembla, que tienta tu botón en sueños húmedos y que dice: whisky. 

martes, 28 de febrero de 2012

Y nos dicen perros

Cruzó el auditorio con serenidad. Un silencio. Murmullos. Setenta minutos de retraso en pomposo descaro. Los ponentes sonreían. El sociólogo pidió un asiento y se tumbo sobre él. Secó el sudor de su frente con un pañuelo que extrajo del bolsillo trasero de su pantalón. Bostezó. Suficiente, las escuelas religiosas le enseñan a uno a ser tolerante pero esto es un insulto. Con voz temblorosa y los rezagos de una dicción ensayada el joven moderador presento al intruso con gestos disimulados de sarcasmo. El público seguía abandonando la sala.
La cámara estática filmaba lo que ocurría.la cobertura, nacional. El pasillo infestado de personas hablando por teléfono. Entre ellos el camarógrafo. Mi trabajo apesta. Vigilaba la Sonny a través de la ventana. Externo. Ayacucho, sendero, torturas matanzas, con un poco de suerte una entrevista con Abimael. Alucinaba. Reconocía su obesidad. Ingresaba resignado.
La conversación había llegado a tal nivel de monotonía que cuando hube llegado a casa encontré al abuelo dormido en el sofá y a mi padre leyendo un periódico pasado. La televisión seguía prendida. Mi madre escuchó mis pasos al entrar y empezó la ceremonia del hijo engreído. Bien, bien, sí, bien. El prodigioso sueño venció a mi madre. Buenas noches, descansa, sueña con los angelitos. Igual, descansa, mañana saldré temprano…alcé el volumen, la ponencia se había convertido en una discusión poco productiva. La escena de los dos hombres discutiendo sobre la romántica idea de qué hacer con este país de mierda acompañada de expresiones vacías “todos los políticos son unos corruptos” y “destruyamos a las autoridades”, me convencían que el día había acabado. En ese instante (Sueño lejano y aburrimiento a la orden de un día perfectamente cronometrado). Inconscientemente mi cerebro captó las palabras que Gregorio Amenábar profería despóticamente. Preguntas del público, comentarios en realidad. Miré el reloj, esperaré 5 minutos más, ya acaba. Esta es la última pregunta. Me explico: realizo una tesis sobre lo que Nuggent ha visto bien llamar el orden tutelar, yo restringiré mi estudio a su impacto en la esfera intelectual. Vaya estaba siendo testigo de cuan lejanos están en respeto un ponente de su público. Vaya. Sr. Amenábar resumamos su ponencia ¿está bien? su verborrea no solo me parece ofensiva sino también penosa, cuál es la causa concreta del problema en el Perú. Vaya. Tomé asiento. Revolucionario. Mi padre se volvió a mí. Le hice una señal para que guardara silencio. Me hizo caso, ahora miraba la pantalla de presuntuosas 21 pulgadas. Los perros. (……………………).Los perros, los perros.la respuesta retumbaba en mi cabeza. Tuve ganas de vomitar, mi padre ahora miraba su diario. Otros 9 nueve perros han aparecido, esta vez en la sierra central, en Apurímac, los cuerpos fueron abandonados en un terreno baldío presumiblemente en horas de la madrugada. Todos presentan orificios de bala en el cráneo. Al parecer ha de tratarse de una banda de desquiciados, aunque no se descarta que sea una sola persona la que ejerza este tan cruel oficio. Grupos defensores de los animales organizan una marcha. Y nos dicen perros. Maldita sea, es ese. Conchesumadre, que están esperando! Llama a la policía dile que es ese que vayan y lo atrapen. Espera, espera. Juliaaaa, Juliaaaa! Cállate! Se atora. Despierto. El abuelo. Sobre la mesa una jarra. Nadie le prestó atención. El qué ocurre se quedo flotando en el aire, irresoluto. Los ojos chinos de la madre, el hijo entusiasmado, excitado, el padre asqueado, el abuelo acercándose al televisor. Con la mano un gesto. Alcen el volumen, un imperativo extraviado en los años.

JuLiA

En esta tela que envuelve mi alma y la sofoca*

Pobre del individuo aquel que conociendo el bien hace el mal, pobre quien aún le tiene fe a la libertad. Quisiera, Dios mío caer a tus pies y no volver a levantarme, reposar mi cabeza en tu voluntad, crucificar mi razón. Pero consideras este ejercicio ruin y lo rechazas por ser ingrediente común el pecado de inactividad, pereza e idolatría. Dime entonces que puedo hacer, que felicidad puedo alcanzar con esta imperfecta y obstinada naturaleza humana. Sufro ¿es acaso esto natural en el proceso? ¿Existe un proceso siendo tú un ser atemporal? Dios, padre, que golpeas con tu puño lo intangible, que exageras lo irresoluto y lo trocas en coherencia. Tú que no mudas de parecer** por tu misericordia concédeme actuar en gracia tuya, no obligándome con el peso de un destino inexistente sino haciendo que te ame solamente.

*Verso de  San Juan de la Cruz.
**Confesiones, San Agustín.
                                                                                    28/02/12

lunes, 27 de febrero de 2012

Sesenta y nueve

El sol infernal del Sahara curtía su piel hasta el desgarro, pero no tenía tiempo para patrañas, la canícula se acercaba y su madre embarazada empezaba a desmayarse. 

Divisó a lo lejos un árbol que se erguía triste, abstruso. Proyectaba una sombra ridícula que no despertaría a la madre del sueño, pero que en consuelo a eso la mantendría con vida hasta el parto. Arma la tienda, descarga del dromedario las vasijas de esparto, las botellas con gomosas viseras de camello, una alfombra producto de alguna pillería importante y la gloriosa cantimplora cuya agua racionalizada adecuadamente les duraría al menos 52 horas más.
Verificó que su madre respirara, la tomo del brazo y con magistral elegancia le tomo el pulso, ante las miradas vacías de 7 niños contagiados del miedo que produce la indigencia.
-¡Cuídenla! si necesita agua dénsela, ya nos la ingeniaremos nosotros.
-¿Por qué no la dejamos morir?
-¡No te atrevas a repetir eso!-y después de propinarle una bofetada dijo-¿ves lo que tiene en el vientre?
-Yo sé que es un niño... no soy tan tonto.
-Pues lo eres porque no es cualquier niño. Nos sacara de esta mierda….
El silencio invadió los ojos infantiles que en  resignación se volvían a la madre casi difunta…
-¿A dónde vas?
-A rebuscar en la arena, quizás Ala sea piadoso
-¿Puedo acompañarte?
-Eres muy valiente Ameht pero estás muy pequeño para lidiar con serpientes. ¡Abil! tu vienes conmigo
-No!-increpo entere sollozos-le prometí a nuestro padre que no moriría como él, que no lo abandonaría nunca…y ya ves…que pasará si corro la misma suerte, me dejaran?
Se escuchaba ahora un vacío en el aire caliente.
-Está bien, iré solo, pero pídele a Ala que ablande mi corazón en el camino ,porque de otro modo morirás de sed y no mordido por una serpiente .
Entonces Muhamar desapareció entre dunas inhóspitas, extrañas, que en el arenal infinito parecían surgir a voluntad caprichosa de un dios cruel.
-¡Dios!-reía Muhamar - insensato aquel que le confía sus temores….
Y caminaba arrastrando sus pies y rebuscando, de vez en vez, debajo de alguna roca que podría haber improvisado una guarida .De pronto un ojo educado por la malicia percibió  un ligero movimiento bajo la arena, con un salto olímpico tomó por la cola al animal rastrero..
Pero algo lo distrajo, soltó la cobra y con velocidad heredada de los beduinos del Magreb llegó a la tienda. La madre muerta yacía sobre un lecho espinoso de suculentas.Alrededor, sus hermanos interpretando un invierno vivaldesco a bendir , la sangre mezclada con la arena se confundía con un ser monstruoso sin vida que blasfemaba entre las piernas de la madre un cordón inflado. Lloró.

Muhamar recordaba aquellos días con angustiosa culpa .una garganta dura y una pupilas secas pronosticaban su pronta desventura.
-Señor-le dijo uno de sus súbditos-la carta, no podemos esperar más..Los malditos capitalistas han llegado a la plaza mayor de trípoli y los más de 6 millones de habitantes piden su renuncia con la amenaza de….
Una lágrima cayó sobre su forma, el recuerdo de la madre muerta, de la pobreza, la indigencia, y el añorado mundo igualitario hinchaban sus venas, la revolución del 69’ un estado socialista, pensaba.la carta desaparecía entre sus dedos furiosos.
-la revolución sigue.
-Entonces ¿qué hacemos con este?-le dijeron mostrándole un rostro golpeado hasta el insulto-Señor, Señor…
Perplejo se quedo mirando el cielo, tenía la certeza d que todo había terminado, que su ideología era un fracaso, que su vida lo era. Pero experimentaba  ahora una extraña alegría, felicidad quizás, era la oportunidad de compartir el sufrimiento de de su familia, del desierto, del petróleo arrebatado, de un Dios sin omnipotencia, del hermano deforme, de la madre desangrada, del olvido.


06 de Mayo de 2011

sábado, 25 de febrero de 2012

Un ave

Un ave en lo alto de un cable mira y juega con su destino.
No volará porque la muerte no es lo que busca.
Recuerda haber escuchado la prejuiciosa sentencia que su plumaje debiera ser azul.
Llora al advertir que sus plumas son cocientes de su gris.
No volará porque ha olvidado conjugar sus alas con el viento.
Respira, fingiendo sentir.
Quiere vivir, perpetuarse, arriba el cielo
abajo el ser humano que se apiadad de su pobreza.
Tiene miedo, convulsiona,su pico entreabierto deja escapar el aliento
que conservó para decir  adiós en el pavimento.
Al ave no le duele el final de la vida ni siquiera la muerte lo intimida.
Al ave le duele, le pesa, las plumas,
el designio inmisericorde de un Dios que se regocija
en el vacío, en la perdida  un amor coherente
que estuvo,
que está y se aleja.
                                                                              16/01/12

100 metros planos

Presencié la trágica muerte desde mi balcón. El aire quieto y las luces espesas del alumbrado público crearon un halo de misticismo en torno al hecho.Por eso, recién ahora, que creo haberme despojado de tanta subjetividad, me atrevo a relatar el anónimo final de Gregorio Amenábar.
El hombre venía caminando por la acera de enfrente, erguido hasta el extremo. Estaba vestido con una bata, descalzo y llevaba un cigarrillo apagado que sufría mordidas intempestivas, producto del dolor o quizás del intento vano de aferrarse a la vida. Su andar,  interrumpido por espantosas caídas que se daban casi sincronizadas,provocaban una sensación de automatismo voluntario.
Unos, asumiendo que el hombre estaba ebrio, se alejaban meneando la cabeza.Otros, menos cucufatos, fingían preocupación.Fue un indigente quien se ofreció ayudarle haciéndole preguntas que no alcancé a oír.Sin embargo, Gregorio, en su mutismo,rechazaba toda muestra de caridad, parecía  empecinado en terminar la calle.
Cuando pasó frente a casa pude percatarme que revisaba la palma de su mano a tramos regulares de diez metros. Evidentemente era una dirección ¿Buscaba a su familia?Pobre hombre, pensé. Sin darme cuenta, distraído en el intento de emparentarlo con alguien conocido,Gregorio había llegado a la esquina de la cuadra.Solo que ahora, sorprendentemente, daba pasos firmes.Totalmente incorporado, giró e indago con la mirada a las personas que desde sus balcones, como yo, querían saber qué ocurría.En ese momento Gregorio cayó, el sonido fue intimidante.Un silencio siguió a la dramática escena del hombre muerto.La ambulancia llegaría pocos minutos después…
Yo apenas y llegaba a los 8 años, no supe de quién se trataba hasta hace un mes que mi padre murió. Heredé sus escritos, fotos y una pequeña fortuna en inmuebles al sur de Camaná.Entre ese amasijo de instantáneas, papeles y cajas se encontraba una nota periodística conservada con particular cuidado.Era una entrevista realizada por él a Gregorio Amenábar, un gran periodista que trabajó para el diario Expreso desde su fundación allá por el año 1961 y que con la llegada de Velasco a la presidencia  tuvo que huir del país. He conseguido enterarme de esto gracias a una biografía realizada por la familia y colgada en el internet. Gregorio Amenábar había muerto en una calle cuyo nombre no se precisa, llevaba una bata a cuadros, andaba descalzo y tenía escrito en la mano un número del cual solo se podían leer los dos últimos dígitos:75. Jr.Daniel Hernández 2075.

                                                                                                            

                                                                                Lima,12 de Marzo del 2054.