sábado, 25 de febrero de 2012

100 metros planos

Presencié la trágica muerte desde mi balcón. El aire quieto y las luces espesas del alumbrado público crearon un halo de misticismo en torno al hecho.Por eso, recién ahora, que creo haberme despojado de tanta subjetividad, me atrevo a relatar el anónimo final de Gregorio Amenábar.
El hombre venía caminando por la acera de enfrente, erguido hasta el extremo. Estaba vestido con una bata, descalzo y llevaba un cigarrillo apagado que sufría mordidas intempestivas, producto del dolor o quizás del intento vano de aferrarse a la vida. Su andar,  interrumpido por espantosas caídas que se daban casi sincronizadas,provocaban una sensación de automatismo voluntario.
Unos, asumiendo que el hombre estaba ebrio, se alejaban meneando la cabeza.Otros, menos cucufatos, fingían preocupación.Fue un indigente quien se ofreció ayudarle haciéndole preguntas que no alcancé a oír.Sin embargo, Gregorio, en su mutismo,rechazaba toda muestra de caridad, parecía  empecinado en terminar la calle.
Cuando pasó frente a casa pude percatarme que revisaba la palma de su mano a tramos regulares de diez metros. Evidentemente era una dirección ¿Buscaba a su familia?Pobre hombre, pensé. Sin darme cuenta, distraído en el intento de emparentarlo con alguien conocido,Gregorio había llegado a la esquina de la cuadra.Solo que ahora, sorprendentemente, daba pasos firmes.Totalmente incorporado, giró e indago con la mirada a las personas que desde sus balcones, como yo, querían saber qué ocurría.En ese momento Gregorio cayó, el sonido fue intimidante.Un silencio siguió a la dramática escena del hombre muerto.La ambulancia llegaría pocos minutos después…
Yo apenas y llegaba a los 8 años, no supe de quién se trataba hasta hace un mes que mi padre murió. Heredé sus escritos, fotos y una pequeña fortuna en inmuebles al sur de Camaná.Entre ese amasijo de instantáneas, papeles y cajas se encontraba una nota periodística conservada con particular cuidado.Era una entrevista realizada por él a Gregorio Amenábar, un gran periodista que trabajó para el diario Expreso desde su fundación allá por el año 1961 y que con la llegada de Velasco a la presidencia  tuvo que huir del país. He conseguido enterarme de esto gracias a una biografía realizada por la familia y colgada en el internet. Gregorio Amenábar había muerto en una calle cuyo nombre no se precisa, llevaba una bata a cuadros, andaba descalzo y tenía escrito en la mano un número del cual solo se podían leer los dos últimos dígitos:75. Jr.Daniel Hernández 2075.

                                                                                                            

                                                                                Lima,12 de Marzo del 2054.

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