El sol infernal del Sahara curtía su piel hasta el desgarro, pero no tenía tiempo para patrañas, la canícula se acercaba y su madre embarazada empezaba a desmayarse.
Divisó a lo lejos un árbol que se erguía triste, abstruso. Proyectaba una sombra ridícula que no despertaría a la madre del sueño, pero que en consuelo a eso la mantendría con vida hasta el parto. Arma la tienda, descarga del dromedario las vasijas de esparto, las botellas con gomosas viseras de camello, una alfombra producto de alguna pillería importante y la gloriosa cantimplora cuya agua racionalizada adecuadamente les duraría al menos 52 horas más.
Verificó que su madre respirara, la tomo del brazo y con magistral elegancia le tomo el pulso, ante las miradas vacías de 7 niños contagiados del miedo que produce la indigencia.
-¡Cuídenla! si necesita agua dénsela, ya nos la ingeniaremos nosotros.
-¿Por qué no la dejamos morir?
-¡No te atrevas a repetir eso!-y después de propinarle una bofetada dijo-¿ves lo que tiene en el vientre?
-Yo sé que es un niño... no soy tan tonto.
-Pues lo eres porque no es cualquier niño. Nos sacara de esta mierda….
El silencio invadió los ojos infantiles que en resignación se volvían a la madre casi difunta…
-¿A dónde vas?
-A rebuscar en la arena, quizás Ala sea piadoso
-¿Puedo acompañarte?
-Eres muy valiente Ameht pero estás muy pequeño para lidiar con serpientes. ¡Abil! tu vienes conmigo
-No!-increpo entere sollozos-le prometí a nuestro padre que no moriría como él, que no lo abandonaría nunca…y ya ves…que pasará si corro la misma suerte, me dejaran?
Se escuchaba ahora un vacío en el aire caliente.
-Está bien, iré solo, pero pídele a Ala que ablande mi corazón en el camino ,porque de otro modo morirás de sed y no mordido por una serpiente .
Entonces Muhamar desapareció entre dunas inhóspitas, extrañas, que en el arenal infinito parecían surgir a voluntad caprichosa de un dios cruel.
-¡Dios!-reía Muhamar - insensato aquel que le confía sus temores….
Y caminaba arrastrando sus pies y rebuscando, de vez en vez, debajo de alguna roca que podría haber improvisado una guarida .De pronto un ojo educado por la malicia percibió un ligero movimiento bajo la arena, con un salto olímpico tomó por la cola al animal rastrero..
Pero algo lo distrajo, soltó la cobra y con velocidad heredada de los beduinos del Magreb llegó a la tienda. La madre muerta yacía sobre un lecho espinoso de suculentas.Alrededor, sus hermanos interpretando un invierno vivaldesco a bendir , la sangre mezclada con la arena se confundía con un ser monstruoso sin vida que blasfemaba entre las piernas de la madre un cordón inflado. Lloró.
Muhamar recordaba aquellos días con angustiosa culpa .una garganta dura y una pupilas secas pronosticaban su pronta desventura.
-Señor-le dijo uno de sus súbditos-la carta, no podemos esperar más..Los malditos capitalistas han llegado a la plaza mayor de trípoli y los más de 6 millones de habitantes piden su renuncia con la amenaza de….
Una lágrima cayó sobre su forma, el recuerdo de la madre muerta, de la pobreza, la indigencia, y el añorado mundo igualitario hinchaban sus venas, la revolución del 69’ un estado socialista, pensaba.la carta desaparecía entre sus dedos furiosos.
-la revolución sigue.
-Entonces ¿qué hacemos con este?-le dijeron mostrándole un rostro golpeado hasta el insulto-Señor, Señor…
Perplejo se quedo mirando el cielo, tenía la certeza d que todo había terminado, que su ideología era un fracaso, que su vida lo era. Pero experimentaba ahora una extraña alegría, felicidad quizás, era la oportunidad de compartir el sufrimiento de de su familia, del desierto, del petróleo arrebatado, de un Dios sin omnipotencia, del hermano deforme, de la madre desangrada, del olvido.
06 de Mayo de 2011
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